- La low cost argentina Flybondi atraviesa la mayor crisis desde su creación, aunque todavía no existe una declaración formal de quiebra.
- La reducción de su flota, las cancelaciones y los problemas financieros provocaron una fuerte pérdida de confianza entre los pasajeros.
- Casos como Norwegian Air Shuttle y WOW Air muestran que las aerolíneas low cost pueden recuperarse o desaparecer, dependiendo de su capacidad para obtener financiamiento.
La quiebra de Flybondi se convirtió en una de las búsquedas más frecuentes relacionadas con la aviación argentina. Sin embargo, la empresa low cost todavía no fue declarada en quiebra ni anunció el cese definitivo de sus operaciones.
Lo que sí enfrenta es la peor crisis desde que comenzó a volar en 2018: cancelaciones masivas, una drástica reducción de su flota, reclamos judiciales, deudas con proveedores y una caída acelerada de su participación de mercado.
Durante 2026, la compañía canceló más del 20% de los vuelos programados y, desde abril, esa proporción llegó a alrededor del 36%. Mientras en enero operaba cerca de 19 aeronaves entre aviones propios y contratados para la temporada alta, durante junio y julio apenas logró mantener en servicio dos o tres.
El resultado fue un círculo difícil de revertir: menos aviones disponibles generaron más cancelaciones; las cancelaciones redujeron la confianza de los pasajeros; la caída en las ventas limitó los ingresos y, con menos recursos, la empresa tuvo todavía más dificultades para mantener su operación.
Cómo una de las mayores low cost de Argentina llegó a esta situación
Flybondi nació en 2016 como la primera aerolínea argentina diseñada desde el inicio bajo el modelo ultra low cost. Su propuesta, impulsada desde la Casa Rosada por el entonces presidente Mauricio Macri, consistía en ofrecer boletos a precios reducidos y cobrar por separado servicios adicionales como equipaje documentado, selección de asiento o alimentos.
El modelo encontró rápidamente un mercado. Después de la pandemia, la empresa amplió rutas nacionales e internacionales, incrementó su flota y llegó a competir directamente con Aerolíneas Argentinas y JetSmart. En algunos momentos alcanzó cerca de una cuarta parte del mercado doméstico.
Sin embargo, detrás del crecimiento comenzaron a acumularse problemas operativos. La empresa dependía en gran medida de aviones Boeing 737-800 arrendados y con varios años de servicio, una estrategia habitual entre las aerolíneas de bajo costo, pero que exige una planificación financiera rigurosa para afrontar los mantenimientos mayores.
Especialistas del sector sostienen que varios aviones quedaron fuera de servicio por trabajos de mantenimiento, reparaciones pendientes, deudas con talleres o dificultades vinculadas con contratos de arrendamiento.
A medida que disminuyó la cantidad de aeronaves disponibles, Flybondi mantuvo una programación que ya no podía cumplir.
El cambio de control societario en 2025 tampoco logró revertir la situación. El fondo COC Global Enterprise, vinculado al empresario Leonardo Scatturice, reemplazó a Cartesian Capital Group como accionista mayoritario y anunció una inversión de US$ 1,700 millones para incorporar hasta 35 aeronaves nuevas en los próximos años.
Sin embargo, esa promesa de expansión contrastó con una realidad inmediata marcada por la reducción de la flota, las deudas y las cancelaciones.
La consecuencia fue una pérdida acelerada de confianza. Miles de pasajeros comenzaron a evitar la compañía por temor a reprogramaciones o suspensiones de último momento.
Esa menor demanda redujo el ingreso de efectivo, un elemento fundamental para cualquier aerolínea, que vende buena parte de sus boletos con anticipación y utiliza esos recursos para financiar la operación cotidiana.
Norwegian y WOW Air muestran que las low cost también pueden caer
La situación de Flybondi no es un caso aislado dentro de la industria aérea. En distintos momentos, otras aerolíneas de bajo costo atravesaron crisis similares, aunque con desenlaces diferentes.
Uno de los ejemplos más conocidos es Norwegian Air Shuttle. Durante la década pasada se convirtió en una de las low cost más ambiciosas del mundo gracias a una agresiva expansión en Europa y en las rutas transatlánticas.
La compañía incorporó decenas de aviones nuevos, abrió bases en distintos países y apostó por un crecimiento acelerado financiado con deuda.
Ese modelo comenzó a mostrar debilidades cuando aumentaron los costos operativos y se retrasaron las entregas de aeronaves. La pandemia terminó por agravar la situación y obligó a Norwegian a iniciar un profundo proceso de reestructuración.
La empresa abandonó sus vuelos de largo alcance, renegoció deudas y redujo considerablemente su tamaño. Sobrevivió, pero con un modelo mucho más conservador.
Un desenlace muy distinto tuvo WOW Air, la aerolínea islandesa que revolucionó los vuelos baratos entre Europa y Norteamérica.
Su estrategia consistía en ofrecer tarifas extremadamente bajas utilizando Islandia como punto de conexión entre ambos continentes.
El rápido crecimiento incrementó sus necesidades de financiamiento y elevó sus costos. Cuando perdió liquidez y fracasaron las negociaciones para conseguir nuevos inversionistas, WOW Air suspendió operaciones en marzo de 2019 prácticamente de un día para otro. Miles de pasajeros quedaron varados y la empresa desapareció del mercado.
Ambos casos ilustran una realidad de la industria. El modelo low cost puede ser altamente rentable cuando existe disciplina financiera y una operación estable, pero también resulta especialmente vulnerable cuando coinciden expansión acelerada, altos costos de mantenimiento y dificultades para acceder a capital.
Qué puede pasar con Flybondi
Por ahora, la continuidad de Flybondi dependerá de su capacidad para recuperar parte de la flota, regularizar pagos con proveedores y reconstruir la confianza de los pasajeros.
El escenario más favorable contempla una recapitalización que permita devolver al servicio varias aeronaves, reducir la red de rutas y concentrarse en las operaciones más rentables mientras estabiliza sus finanzas.
Otra posibilidad es que la empresa continúe operando con una flota mínima, manteniendo una actividad limitada mientras negocia con acreedores.
También podría optar por una reestructuración judicial o buscar un nuevo socio que aporte recursos para sostener la operación.
El escenario más complejo sería la imposibilidad de obtener financiamiento suficiente. En ese caso, la acumulación de deudas, reclamos y cancelaciones podría derivar finalmente en una quiebra o en la pérdida de su autorización para operar.
Al mismo tiempo, el comportamiento del mercado demuestra que la crisis no responde a una caída de la demanda de vuelos en Argentina.
Mientras Flybondi redujo su participación, JetSmart incrementó su presencia y consolidó su posición como una de las principales beneficiarias del cambio de preferencias de los pasajeros. Esto indica que el problema no radica en el modelo de bajo costo, sino en la capacidad de cada empresa para sostener su operación.
La quiebra de Flybondi sigue siendo una posibilidad y no un hecho consumado. La empresa aún conserva activos valiosos, como su marca, sus rutas y sus permisos de operación, pero enfrenta una combinación de problemas operativos, financieros y de credibilidad que ponen en duda su futuro.
Los próximos meses serán determinantes para saber si logra seguir el camino de recuperación que recorrió Norwegian o termina replicando el abrupto final de WOW Air.
Fuente: Chequeado, Reuters, Flybondi, aviacionnews.
Ahora lee:
Una low cost pide a los legisladores que viajen con ella para ahorrarle dinero al Estado
Así puedes hacer turismo low cost en 2026 con estas apps


