El poder se lo llevó el océano
“Moana” es el más reciente fracaso en la taquilla de un live action de Disney, sumándose a “Blanca Nieves” y “Dumbo”, por no decir a cada vez más extensa lista con crítica (“Pinocho”, “Mufasa”, “Maléfica 2”).
Con un presupuesto de 250 millones de dólares, “Moana” sólo hizo 95 en la taquilla mundial; para ser considerada un éxito tendría que hacer al menos 2.5 veces su presupuesto, es decir, 625, y con un debut así es estimado de lo máximo que podrá hacer estaría a en 285 (tres veces lo de su debut tiende a ser la proyección).
Eso se ve incluso difícil dado que la respuesta del público ha sido poco entusiasta. Tiene una A- en Cinema Score. Su debut es similar al de “Blanca Nieves” que se quedó en 205 millones de dólares. “Moana” esperaba un debut de 140 millones.
En la taquilla compitió con “Toy Story 5” y “Minions y Monstruos” y lo hará en un par de semanas con “Spider-Man: Un nuevo día”, una de las cintas con mejores proyecciones. Con los live actions las preguntas siempre son por qué, para qué hacerlos… como dirían por ahí, pero qué necesidad.
El principal y más obvio motivo está, desde luego, en la explotación de las propiedades intelectuales. Parecería fácil suponer que un live action de un clásico animado es dinero garantizado en gran medida por la nostalgia y permitiendo atacar dos segmentos de mercado, los padres que vieron la animada cuando estrenó y sus hijos con quiénes probablemente ya la compartieron y que ahora podrán verla convertida en realidad.
Ha sido el caso con algunos como “La Bella y la bestia” y “Aladino” que superaron el billón de dólares; otros como “Blanca Nieves” ni siquiera alcanzaron el presupuesto (270 millones, recaudó 205). “Moana” es el título más visto en Disney+ con más de 735 millones de vistas de acuerdo con Variety.
Los live actions también tienen la oportunidad de corregir los errores de la versión anterior, principalmente aquellos a perspectivas o tratamientos que son insensible.
Por ejemplo, de “Dumbo” se quitó la escena en la que el elefante consume alcohol, en “Blanca Nieves” el príncipe la conoce y hay ya romance entre ellos para explicar por qué la base y que no suceda sin consentimiento, por mencionar sólo un par. A esos errores se suma la posibilidad de crear retratos y representaciones que la tecnología de antaño no permitía. No es el caso de “Moana”, un filme reciente y que no tiene acusaciones relativas.
Un punto clave alrededor de los live actions está en qué tanto, teniendo en cuenta lo anterior, se respetará o modificará la historia. Hay live actions como “Aladino” que han sido fieles al original con pocos cambios. Otros como “Dumbo” o “Blanca Nieves” se han tomado más libertades y unos más se han ido por otra perspectiva por completo. Por ejemplo, “Cruella” y “Maléfica” cuenta la historia desde la visión de las “villanas”. ¿Qué es lo mejor? ¿Qué espera el público?
“Moana” es un live action muy fiel al original, pero le pasa como, haciendo un paralelo algo radicar, pero con sentido, como a “Psicosis”. En 1998 se hizo un remake prácticamente cuadro por cuadro, pero a color.
Fue un fracaso de crítica y taquilla. “Moana” no está lejana de eso y eso demuestra que el resultado final no está sólo en el saber dónde poner la cámara sino en saber qué retrata la cámara y en conseguir que eso que aparece a cuadro “cobre vida” y transmita en el mejor de los sentidos.
“Moana” es una propiedad muy querida. Están sus vistas en Disney+. Está el resultado de “Moana 2” con más de mil millones de dólares el año pasado (costó 150). Habrá una “Moana 3”, pero el live action quizás llegó muy pronto. En cualquier caso y a diferencia de la original y del propio llamado de su protagonista, a ésta no le llegó el poder, al contrario se lo llevó el océano.


