No pude evitar pensar en cuántas veces esto ocurre también en las empresas. Hay años en los que un equipo no alcanza la meta de ventas o el resultado esperado, pero aun así consigue logros que terminan fortaleciendo a la organización para el futuro.
Hoy veo cuatro victorias que dejó el recorrido de la Selección Mexicana en esta Copa del Mundo y que también he vivido a lo largo de mi carrera corporativa.
- Se fortalece el orgullo y el sentido de pertenencia
Cuando jugó la Selección Mexicana, el país entero celebró, sufrió y se ilusionó unido. Por unos días, las diferencias políticas, sociales o ideológicas quedaron en segundo plano y más de 130 millones de mexicanos vibramos apoyando al mismo equipo.
Lo mismo ocurre en las organizaciones. Cuando todos trabajamos por un objetivo común, compartimos la presión, celebramos los avances, nos apoyamos y aprendemos a confiar unos en otros. Ese tipo de experiencias fortalece el sentido de pertenencia de una forma que pocas iniciativas logran.
- Se desarrolla disciplina, enfoque y un mejor nivel de ejecución
La Selección consiguió una actuación histórica al sumar cuatro victorias consecutivas y mantener su portería invicta antes de ser eliminada. Aunque el objetivo de cualquier Mundial es levantar la Copa, el nivel de juego y la confianza que recuperó la afición fueron evidentes. El equipo compitió hasta el último minuto frente a una Inglaterra llena de figuras que juegan en los mejores clubes de Europa.
En mi experiencia, los retos más difíciles son los que más hacen crecer a un equipo. Cuando la competencia es fuerte y los objetivos comerciales son ambiciosos, desarrollamos mayor disciplina, enfocamos mejor nuestras prioridades y elevamos la calidad de nuestro trabajo. Incluso cuando no alcanzamos los resultados financieros esperados, muchas veces terminamos ofreciendo un mejor servicio o ganando participación de mercado.
- Se descubre el talento para el presente y para el futuro
Durante el Mundial vimos surgir a jóvenes como Gilberto Mora y Mateo Chávez, mientras que jugadores como Julián Quiñones y Santiago Giménez terminaron de consolidarse. La competencia tiene esa capacidad: revelar el talento y mostrar quién está listo para asumir un papel más importante.
En las empresas sucede exactamente lo mismo. Los proyectos desafiantes permiten identificar personas con un enorme potencial, darles mayores responsabilidades y crear espacios donde puedan aportar todavía más valor. A quienes tienen talento les gustan los retos, crecer y sentirse reconocidos. Aunque el objetivo final no se alcance, identificar ese talento, reconocer su esfuerzo y construir un plan para desarrollarlo sigue siendo una gran victoria para cualquier organización.
- Se fortalece el posicionamiento
La Copa del Mundo es uno de los eventos con mayor audiencia del planeta. México logró posicionarse como el país con mayor crecimiento turístico del torneo gracias a su atractivo como destino, al impulso del turismo deportivo y a una derrama económica estimada en 2,570 millones de dólares.
En las empresas ocurre algo parecido. Hay ocasiones en las que no alcanzamos la meta de facturación, pero sí fortalecemos la lealtad de los clientes, mejoramos su experiencia, consolidamos nuestra marca o desarrollamos capacidades que nos permitirán crecer en los siguientes años. Son avances que también generan valor y que vale la pena reconocer.
Ganar siempre será el objetivo. Levantar la Copa o cumplir las metas del año es lo que todos buscamos.
Pero cuando eso no sucede, conviene detenerse a reconocer las victorias que sí conseguimos. Porque son esas las que fortalecen la cultura, desarrollan al talento y preparan al equipo para competir mejor la siguiente vez.
Al final, los grandes resultados rara vez se construyen en un solo torneo o en un solo año. Se construyen acumulando aprendizajes, fortaleciendo capacidades y convirtiendo cada experiencia, incluso una derrota, en el siguiente paso hacia una organización más sólida.



