Todos conocemos el pasaje bíblico que dice “En el principio era el verbo y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios” y me sirve de excusa, hacia el final de la copa mundial de la FIFA 2026, para hablar de las narraciones en las transmisiones de futbol. Es un fenómeno que ha causado muchas discusiones a nivel mundial, que, según los datos fríos, representa cantidades millonarias de dinero asociadas a los derechos de televisión y streaming y que, en mi opinión, tiene su base en la construcción de un clímax que no podría fabricarse visualmente
Pero vamos por partes. Si nos ponemos muy históricos, la tradición oral nos indica que los humanos llevamos poco tiempo de escritura y por lo tanto, las narraciones de hechos históricos, ficciones, chismes y chistes que tienen como objetivo llamar la atención, hacen uso del lenguaje para hacernos una imagen de lo que estamos escuchando. De los juglares y cronistas antiguos pasamos a los merolicos comerciales callejeros, a los locutores de radio y a los standoperos, genios de la palabra que nos pueden llevar a emociones intensas solo con la voz. Y así llegamos al mundial de fútbol con varios datos interesantes.
La guerra de los ratings entre las televisoras o los servicios de video, en cualquier lugar del mundo, tiene como armamento a la narración. El partido es el mismo, y transmitido en el mismo horario. La guerra no se libra con mejor tecnología, mejor imagen, mejores gráficos, mejor contenido alternativo ni con mayores presupuestos de promoción, la única diferencia es el locutor, locutora o locutores que lo narran.
México no es la excepción, la guerra entre las dos televisoras privadas es frontal y los locutores están hasta el frente de los diferenciadores, pero existe algo más profundo en las narraciones en español que me gustaría explorar con base en un hecho singular: en Estados Unidos, las transmisiones en español significaron un 50% de la audiencia total a pesar de que la población hispana no supera al 20%, es decir, según los reportes de Nielsen, al menos el 20% de la audiencia que escucha las narraciones en español, no habla español. Esto pareciera ser un dato curioso pero ya detonó una bomba nuclear entre las televisoras estadounidenses que muy probablemente impulsará un cambio en las tarifas de derechos de transmisión del mundial 2030, para vender en paquete ambos idiomas. Hasta ahí el dato frío; el dato subjetivo, según análisis cualitativos y la opinión de diversos comunicadores, es que las narraciones en español son más emocionantes y el clímax se va construyendo conforme avanza la jugada, con un enorme alarde de talento, velocidad, volumen y una buena dosis de comedia. Algún famoso conductor estadounidense resaltó la diferencia diciendo que las narraciones en inglés del fútbol son “iguales a las de una narración de golf”.
¿Y será solo el idioma, la idiosincrasia o hay algo más? Tal vez la respuesta se encuentra en dos tradiciones de la televisión en español: el doblaje y las telenovelas. Pareciera extraño, pero permítanme argumentarlo. La enorme cantidad de producción en inglés se topa en Latinoamérica con dos dificultades evidentes: la mayoría de la gente no habla inglés y no cuenta con la velocidad o el interés de leer subtítulos. De ahí que el doblaje se haya convertido en una industria no sólo grande, sino llena de talento.
Las telenovelas han exigido a los guionistas atender al hábito de que el capítulo se “escucha” mientras se realizan las labores del hogar y el audio tiene que construir el clímax para indicar una escena que vale la pena ver e interrumpir todo lo demás. El preludio de un beso, una bofetada o cualquier golpe dramático debe acompañarse del diálogo y el dramatismo de la música.
Para los que tenemos la suerte de hablar inglés y tener acceso a contenidos internacionales, es criticable la traducción de los títulos de las series y películas al español, o los diálogos reiterativos que acompañan a las escenas de una telenovela, pero además de ser fórmulas que funcionan comercialmente en su segmento, ahora resulta que pueden estar poniendo un estándar en las narraciones de eventos deportivos. ¿Qué opinan?



